Crónica: Radiohead en BsAs 24.03.09

Dieron las cinco menos algo cuando después de tres horas de cola sentados en la vereda, empezamos a entrar al Club Ciudad de Buenos Aires. De forma ordenada primero y luego, pasados los controles, a correr. Logramos un buen sitio hacia el lado derecho, a unos 10 metros del escenario, recontra bien ubicados. Ahora a [...]

Radiohead Buenos Aires

Dieron las cinco menos algo cuando después de tres horas de cola sentados en la vereda, empezamos a entrar al Club Ciudad de Buenos Aires. De forma ordenada primero y luego, pasados los controles, a correr. Logramos un buen sitio hacia el lado derecho, a unos 10 metros del escenario, recontra bien ubicados. Ahora a esperar. Poco a poco llegaba más gente, reconocimos a algunos compatriotas, conversamos, rajamos. A mi alrededor la gente tenía “buena talla”, y digo que era buena porque entre hombros ajenos, podía ver tranquila el escenario. Estaba feliz.

Como a las seis y cuarto salió a escena La Portuaria; una banda local, que según lo que dijeron tienen más de 10 años en la movida. A mi me daba igual si eran nuevos o si le enseñaron a tocar a Charly. Yo tenía sed de Radiohead. Antes que terminaran la presentación, varios plomos ya estaban desmantelando los instrumentos que no usaban. Para cuando se fueron, el escenario quedó totalmente limpio. Estaba siendo preparado para los cuatro atriles y sus respectivas laptops: Kraftwerk entraría a escena. Entonces la gente empezó a empujarse. Era como una marea suave, para alguien que viaja en combi como yo, nada grave.


Veinte minutos después, cuatro tíos vestidos de negro tomaban sus Sony Vaio y sampleaban viejos exitos de la música electrónica. Con canciones como Man Machine, Computer World ó la genial The Robots (que fue “interpretada” por verdaderos robots en el escenario en lugar de la banda) Kraftwerk demostró que, para ser de la promo con la que mi abuelo va al hipódromo, no la hacen mal.

Para la última canción de los alemanes, el mar (de gente) se puso algo bravo. Los empujones eran más fuertes, el equilibrio debil pero la emoción lo superaba todo. En el escenario, la banda estaba vestida con mallas negras cubiertas de unas redes fluorescentes que hacían pensar en spiderman del futuro. La canción era Music Non Stop, y con esa se despedían.

Durante el intermedio la cosa siguió igual. Con frases como: “Aguanta huevona, aguanta”, “Esto totalmente vale la pena” me daba valor y estímulo para continuar. Estuve así durante más o menos 20 minutos, resisitiendo la marea que iba y venía y por pequeños momentos se calmaba. Mientras, en el escenario, los instrumentos eran colocados y las barras blancas que antes estaban hacia los lados, ahora se deslizaban hacia el medio de este, dando la sensación de grandes estalactitas que caían sobre el centro.

De pronto, apagaron las luces, las estalactitas se encendieron con un lila impresionante y empezaron las primeras distorsiones de 15 Steps. La gente enloqueció y yo sentí un nudo en la garganta, no atinaba a nada, era un sueño hecho realidad. Radiohead en vivo ¡¡¡y yo estaba ahí!!!

Sumergida en este mar violento de fanáticos, alcancé a saltar y ver un poco a Thom. How come I end up where I started cantaba. Un salto más y Jonny Greenwood majestuoso en la guitarra, con el cerquillo caido que lo caracteriza y me encanta. Luego, todo eran espaldas, codos, patadas y empujones cada vez más fuertes. La gente de buen tamaño había desaparecido, ahora estaba rodeada de chicos y chicas altos, fuertes y apestando a yerba. El movimiento era violento y el aire caliente. “Me voy a desmayar” pensaba. “Esta huevada es como Servando y Florentino”. Asustada, pero aún fanática, pensé que lo mejor era morir como una “cholita aguantada”, que debía ser más valiente e inmolarme, así que decidí intentar acercarme más al escenario. Pero claro, no tomé en cuenta que no respiraba aire fresco si no el aire caliente que emanaban los cuerpos a mi alrededor. En esas condiciones, seguir avanzando: terrible error.

Para cuando empezó Airbag, paradójicamente, ya había perdido aire y entrado en pánico. Decidimos salir. Salir del mar de gente, huir, salvarme y vivir para contarlo. Más que una desición pensada, fue un impulso, por instinto. Nos pasamos toda esa canción empujando hacia atrás, buscando vías de escape y casi nadando contra la marea. Unos metros mas atrás encontramos un sitio tranquilo que no estaba tan lejos, donde pude respirar y la gente se veía mucho más pacífica, “No como los locos de adelante” me quejé. Tomé un poco de aire y vi en la pantalla lateral a Thom agitando la cabeza, Jonny como en trance y a Ed O’Brien entregándolo todo. Airbag terminaba y yo me emocioné de nuevo.


Un pequeño respiro y empezó la percusión de There There. Estaba en mi mundo feliz, moviendo el cuerpo, cantando a la par con Thom cuando el mar embraveció de nuevo. Ahora la gente de mucho más atrás quería estar adelante. Se vinieron con todo, como una ola humana que arrasaba con lo que había a su paso. A punto de caerme, con moretones en las piernas y el brazo torcido empecé a llorar buscando una salida. No aguantaba más.

Sí. A estas alturas deben estar pensando que soy una “nena” en el tono más peyorativo, casi pateando el monitor decepcionados. Pero qué puedo hacer, ¡Soy una chata de 1.53 c.m. con zapatos! y el concierto más “fuerte” al que he ido en mi vida fue el de Daddy Yankee, donde podía bailar y sólo tenía que cuidarme de que no me puntearan. (¿Ahora si me odian?)

Hacia un lado del escenario y cerca de los kioskos de comida encontré la paz, y un rico olor a parrilla. Por supuesto, del show veía sólo las luces de arriba, pero con lo de la pantalla me era suficiente. Quería tomarme algo, pero el vaso de Pepsi que a la hora del primer grupo costaba cinco pesos había subido sus bonos ahora que se vendía con Radiohead. ¡Diez pesos la huevada! Igual pagué y a la mierda.

En esa zona estaba rodeada de verdaderos fanáticos que como yo. Se sabían todas las letras y preferían escuchar a la banda tranquilos, cada uno en su mundo sin fastidiar ni ser fastidiados. Era la onda adecuada, me quedé ahí.

Reconocí All I need desde la primera nota. La canté llorando abrazada al novio, totalmente convencida de que no hacia roche, que nadie nos miraba. No podía faltar Idioteque, donde Thom Yorke hizo una vez más su ‘dancing’ alocado, y los sonidos electrónicos repitiéndose miles de veces. Todos estábamos como en trance.

Canté Karma Police a todo pulmón y agité la cabeza como loca en National Anthem, era demasiado. Luego de unas 15 canciones y mucha euforia, Ed O’Brien se paró frente al público y en perfecto español dijo:”Hemos esperado mucho para tocar aquí y sabemos que hoy es un día importante para ustedes: hoy se cumple el 33 aniversario del golpe militar y por eso queremos dedicarles esta canción a todas las víctimas y a los familiares de los desaparecidos”, empezó How to Disappear Completely y luego se fueron.

Como era de esperarse y tras la tremenda ovación de nosotros los fanáticos, reaparecieron con cinco canciones más, entre ellas una de mis favoritas: Paranoid Android. El campo volvió a estallar de euforia. Jonny azotaba la guitarra y el pelo como acostumbra, y luego de calmar a la audiencia un poco con Planet Telex se fueron otra vez.

Las luces se apagaron, pero todos los llamamos a viva voz. Volvieron para cerrar con tres temas más. Uno de ellos, 2+2=5, me hizo bailar como epiléptica. Si pues, tenía que aprovechar al máximo y esto ya era lo último.

A penas reconocí Everything in Its Right Place, sabía que el concierto terminaba. He visto decenas de videos donde cierran con esa canción. En la pantalla Jonny jugando con los samples de la voz de Thom en su Korg Kaos Pad, mientras uno a uno iban abandonando el escenario.

Se encendían las luces auxiliares para que plomos hicieran su trabajo, pero la gente seguía gritando, pidiendo por más. Empezábamos a quitarnos, y entonces sucedió: Thom y compañía saltaron nuevamente al escenario para regalarnos esa canción que los hizo tan populares, y que a pesar que ya no les gusta tocar, la interpretaron para todos los que estábamos tan extasiados que creíamos que no se podía más. Canté y canté hasta la nausea y la gente a mi alrededor igual.


Fue el cierre perfecto para una noche perfecta, una experiencia que se me metió en la piel. Y sí, no estuve adelante como hubiera querido, pero carajo, viví para poder recordarlo.

buenas fotos del concierto en este link



One Comment

  1. emepitri dijo esto el May 8, 2009 | Permalink

    QUE BUEEEEEEEEEEEEEEEENAAA!!!

    Bacanaso que la hayas hecho, no se comprara a nada y es una experiencia para contar por años y sin cansarse.

    There There es lo max!!!

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